Armada chilena admite errores al levantar alerta de tsunami
También en el Perú debería investigarse el comportamiento de las autoridades de la Región Callao frente a la alerta de tsunami del pasado 27 de febrero del 2010.
El informe es importante para el Perú pues se confirma la alerta internacional propalada por el Pacific Tsunami Warning Center (PTWC)
En el documento que contiene la indagatoria que se instruyó para analizar el comportamiento del SHOA tras la catástrofe, y que ayer fue publicado en el sitio web de la entidad, ésta reconoce que al levantar la emergencia no se consideraron tres fuentes técnicas que indicaban la persistencia del peligro.
Armada admite sus errores al levantar alerta de tsunami
El informe define como “Zona de Sacrificio” la costa entre San Antonio y Talcahuano, “siendo el promedio de llegadas de las primeras olas, 20 minutos después del gran sismo”.
El resumen ejecutivo del informe sobre la investigación técnica sobre la actuación del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico (SHOA) de la Armada en los minutos posteriores al terremoto revela que la alerta de maremoto fue “clara y oportuna”, pero reconoce que al levantar dicha alarma no se consideraron tres fuentes técnicas que indicaban la persistencia del peligro.
El documento (adjunto a esta nota) señala que el SHOA “generó la alerta de tsunami en forma clara y oportuna a la Onemi, por radio a las 3:51 horas y, posteriormente, reiterada por un fax a las 4:07 horas de esa madrugada; y, paralelamente, a las 4:05 horas, por medio de un mensaje escrito emitido a través de la Red Mercalli del Sistema Nacional de Alerta de Maremotos (SNAM)”.
Esto contradice la versión de la ex directora de la Oficina Nacional de Emergencia, Carmen Fernández, quien afirmó, antes de dejar el cargo, que la información del SHOA era confusa.
“Sin perjuicio de lo anterior, la investigación técnica también determinó que a las 4:56 horas, una hora y cinco minutos después de declarada la advertencia, el SHOA canceló en forma anticipada dicha alerta de tsunami a la Onemi sin evaluar adecuadamente (los antecedentes técnicos)”, reza el informe.
El documento señala que el sistema Tremors, que la Armada mantiene en el cerro El Roble, en Valparaíso, para medir los sismos y determinar la posibilidad de alteraciones en el océano, “evidenciaba la liberación de una gran cantidad de energía y consecuentemente la potencialidad de generar un tsunami”.
Como segundo antecedente, se afirma que el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), informó que el epicentro del sismo estaba a 35 kilómetros de profundidad “lo que acrecentaba la probabilidad de generación de un tsunami”.
Finalmente se menciona que “la información emitida por el Pacific Tsunami Warning Center (PTWC), a través de su Boletín N° 002, en la cual constaba -según las lecturas de las variaciones de mareas- estar en presencia de un tsunami”.
TALCAHUANO Y DICHATO
El documento también consigna el hecho de que el epicentro se localizó en las cercanías de la costa, condición propicia para la generación de maremotos, y para la rápida alteración del mar, lo que “configuró como ‘Zona de Sacrificio’ la costa entre San Antonio y Talcahuano, siendo el promedio de llegadas de las primeras olas, 20 minutos después del gran sismo”.
El informe reconoce que “el área comprendida en la bahía de Talcahuano y las cercanías de Dichato, constituye una situación particular, dado que, a pesar de encontrarse en la ‘Zona de Sacrificio’, fue impactada con algún grado de retardo, por olas posteriores”, atribuyendo la situación a la lentitud de respuesta a la “interrupción de los enlaces de comunicaciones a nivel nacional y por la destrucción de los instrumentos de medición pertenecientes a la Red de Mareógrafos”.
Sin embargo, a esa hora, pasadas las 6 de la mañana, cuando impactaron las olas en Talcahuano, el SHOA había levantado la alerta de tsunami.
Por Ricardo Bustos/ La Nación



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